Zapatos Negros Brillantes

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Me ha llegado es bonito texto por mi cumpleaños de u. y se estrena en mi blog con él. Espero que lo disfrutéis perritos.

“Estaba de pie frente a Usted por primera vez. Usted sentada frente a mí. Con la vista siempre baja, no me atrevo a ver mas allá de sus tobillos. Sus zapatos negros brillantes con tacos interminables. Uno de ellos cuelga de Su pie, dejando descalzo el talón. Permanece ahí, sostenido. Nunca un gesto tan sutil fue al mismo tiempo tan demandante. No hay saludos, no hay cortesías innecesarias. Sólo Usted y el silencio. Un silencio dominante que es roto por Su primera orden. “Mastúrbate, hazlo rápido”. Mi incredulidad da paso a una explicación Suya. “No quiero que tu sucia erección este estorbando por ahí”. Aún sin levantar la vista, comienzo a masturbarme frente a Usted. Su impaciencia se vuelve notoria. Coloca la punta de Su zapato justo debajo de mi sexo. Usted sabe donde “tocar”. El roce de Su zapato termina rompiendo todas mis inhibiciones. En un segundo ya no existe nada más allá del placer de este momento. Me corro rápido y abundantemente sobre Su brillante zapato negro. Intuyo que esa era Su intención ya que me parece ver una sonrisa sobre Su rostro. Su segunda orden llega para romper mi clímax. “Límpialo”. Su zapato negro brillante, ahora cubierto por mi semen, se balancea sutilmente desde la punta de Su pie. Tardo en responder aún extasiado por mi orgasmo previo. Sé bien lo que Usted quiere, pero algo dentro de mí parece frenarme. Una contradicción interna en forma de pregunta quiere oponerse a esta humillación… ¿realmente voy a probar mi propio semen? No hace falta repetir la orden. Usted simplemente coloca Su zapato sobre mis labios. Puedo sentirlo. El olor a cuero de Sus zapatos mezclado con el olor de mi propio semen. Abro la boca timidamente, imaginando lo patético y humillante de esta escena, pero Usted empuja la punta de Su zapato dentro de mi boca, pasando mi labios, mi lengua. Todo se llena con Su zapato negro brillante ahora cubierto de mi propio semen. Me invade un sentimiento de culpa mientra me recuesto a Sus pies. Cierro los ojos cuando la siento caminando. Toda la longitud de mi cuerpo, parado sobre mi tórax, dando un pequeño salto, forzando mi aliento. Siento la punta de su zapato contra mi cara, empujando mi cabeza hacia el suelo. Me mantengo así durante un rato antes de bajar. Siento el sonido de sus tacones caminando otra vez, a mi lado, rozando mis costillas, para luego sentir otra vez todo su peso sobre mí, deteniendose entre mis muslos. Levantando un pie y presionándolo contra mí, fuertemente. Escuchando su sádico deleite mientras aplica más y más presión. Sentirla sobre mí, pisoteando cada centímetro de mi cuerpo. Sentirla poniendo un pie a cada lado de mi cabeza. Mientras, vuelvo mi cara hacia un lado acariciando con mi lengua toda la longitud de sus tacones. Todo se interrumpe bruscamente cuando Usted se sienta sobre mi cara. Asfixiandome con su voluptuosidad. Teniendola tan cerca, puedo sentir el calor de su piel, puedo sentir los encajes de sus bragas sobre mi cara. No me animo a mover un músculo, solo a resistir pasivamente el jugueteo que hacen sus caderas sobre mí. Todo parece durar una eternidad, hasta que siento Sus tacones clavados sobre mis muslos. El placer de tenerla tan cerca cede frente al dolor inflingido por Sus tacones sobre mí. El placer y el dolor se mezclan hasta no poder distinguir uno de otro. Escucho una risa suya, una risa sádica, mientras comienza a castigar y a provocarme una nueva erección con Su fusta. No sé cuanto tiempo estuvimos así pero cuando terminó, Usted dijo:”A partir de ahora tu humillación, tu placer y tu dolor son míos”. Yo solo atiné a decir “Feliz cumpleaños Princesa”

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