La Princesa lo es todo

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j. se presentá así ante mi para solicitar ser mi pelele, ¿Lo conseguirá?

yo soy muy poca cosa

y la Princesa lo es todo.

me ordena mi Señora decirle

cómo le podría servir,

qué cosa que yo hiciera

podría aportarle placer,

cuál es mi valor

como sumiso, el único valor

que en relación a ella

importa. Y yo, sin duda,

le diría mil cosas

que serían sinceras,

pero que también, seguro,

algunos habrán dicho antes,

más y mejor que yo.

Podría decirle que mi única voluntad

es complacerle, hacer

de sus deseos mi voluntad,

que sus prioridades

sean mis prioridades.

Entregarme, en sumo,

todo a ella, y hacer

todo lo que pudiera

para que su voluntad

sea siempre cumplida.

Pero esto no sería más

que repetir palabras ya dichas por otros.

¿Por qué en mí habrían

de ser mejores o más sinceras,

o porque sería yo capaz

de proporcionarle mayor placer

que todos aquellos

que las dijeron antes?

Podría también, quizás,

decirle que soy persona

medianamente culta,

que conmigo ese estimulante

que es la buena conversación

no fallaría nunca, y que puedo,

peor o mejor,

ser su amanuense,

redactar cualquier texto por ella,

pero sería arrogancia

pretender que soy el único

y que ella no tiene, ya,

sobrados esclavos

con mayores luces

y más crecida inteligencia.

Así pues ¿qué puedo hacer yo

si no soy nadie

al lado de la Princesa,

si soy tan poca cosa,

si los únicos argumentos

sobre mi valía

son repeticiones

de escaso valor?

Tan solo confiar en su piedad porque

yo soy muy poca cosa

y la Princesa lo es todo.

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