Ese néctar no es para mi

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j, un perrito inspirado me ha mandado este relato con cierto tono cómico de las rutinas de mis siervos en el día a día en el fantástico reino de Princesa. ¿Y tú? ¿Cómo te imaginas que sería servir un día a Princesa?

“5:00 de la mañana, suena el despertador y el perrito abre los ojos, no tiene tiempo que perder. Se levanta, hace la cama rápidamente y desnudo, como es prescripción por Su Alteza Princesa Atenea, se dirige al baño; toma un un vaso que hay junto al cepillo de dientes, lo dirige a su pene y micciona en él llenando un par de dedos; el mejor desayuno, los primeros chorros de orina de la mañana. Los de Su Alteza están destinados a otros perros mejores y más eficientes que él o a aquellos que lo demandan desde todas las partes del mundo y con los que su Alteza llena las arcas del Reino. Tras realizar los correspondientes ejercicios hipopresivos, el perro se dirije a la habitación contigua al cuarto de baño de Su Alteza, en esta, hay cientos de cajas y botes; estos últimos vacíos y listos para ser llenados con el dorado néctar que surge de La Princesa. Las cajas, unas vacías y otras con diversos objetos y prendas íntimas que han sido usadas por Su Alteza, todas etiquedas con la fecha en que se usaron, durante cuánto tiempo y si fue en casa o en algún evento, etc… El perrito, coge una lista de uno de los cajones de la sala y repasa los pedidos, unas medias para Barcelona, unas bragas usadas, unos calcetines y un sostén para Burgos… sigue mirando pedidos, y organizándolo, etiquetándolo todo, no puede haber errores. Sigue repasando mails y pedidos, preparando botes para recoger el divino líquido elemento La Princesa, cinco… Su mirada se posa en un pedido algo diferente… trozos de uñas de los pies de Su Alteza, mira el stock y no hay, ya le extrañaba a él, es la primera vez que piden algo así, se anota al margen contestarle a demandante que en cuanto renueven el stock su pedido será tramitado, así como una nota para el perro que le realiza la manicura a Su alteza de guardar los trocitos de uña de aquí en adelante; habrá que preguntarle a La Princesa, qué precio le ponemos. Oye movimiento en la habitación de Su Alteza, se está levantando, se apresura a preparar los botes y entra en el baño, se arrodilla en su sitio y agacha la cabeza mientras La espera, se abre la puerta, sin decir palabra se dirige a la taza del vater y al pasar por su lado, le hace una carantoña con una uña en la nuca, un escofrío de placer recorre su columna vertebral… “dame un bote”…”otro…” hasta que ha llenado los cinco que hay que enviar… Tras esto, pasan lo sumisos destinados a bañar a La Princesa, “puedes retirarte” “sí Princesa, gracias” y sin alzar la cabeza sale del cuarto de baño…”

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